miércoles, 20 de mayo de 2015

Nacionalismos



Realmente me tiene un tanto perplejo la asociación que se hace entre el partido político Ciudadanos y el PP. Me parece muy simplista hacerlo, porque creo que está basado en algo que tienen en común: no les gusta el nacionalismo catalán. Pero hay una cuestión que me preocupa, porque no parece aclararse; ¿a Ciudadanos les disgusta solo el nacionalismo catalán o les disgustan todos los nacionalismos?; dicho de otro modo: ¿Ciudadanos es antinacionalista catalán o es antinacionalista a secas?. Ni que decir que para mí, que soy antinacionalista visceral, es una cuestión de la mayor importancia. Y resulta que, para mí, el PP es nacionalista españolista y ese nacionalismo me gusta tan poco como el catalán. De lo que se deduciría que no deberían asociarse.
         A estas alturas de la historia, creo que los nacionalismos son algo que debe considerarse completamente obsoleto. Y tiene gracia que los “catalanistas” pretendan entrar en Europa como “nación independiente”, cuando la creación de la Unión europea fue un intento de superar las frecuentes, y cada vez más crueles. guerras europeas, mediante la abolición de los nacionalismos y por la unión de todos los europeos en un proyecto común. ¿Cataluña como estado independiente en la Unión? Es una estupidez. La Unión consiste en dejar, cada vez más, las decisiones en manos de un gobierno común y quitar la mayor parte de las decisiones de los actuales estados para centralizarlos en ese gobierno común. ¿Qué ganan los nacionalistas quitando las decisiones a Madrid para entregarlas a Bruselas, si cada vez Madrid tiene menos competencias?. La independencia de una parte de los antiguos estados es un retroceso respecto al proceso de integración; en resumen, una aberración que puede despertar el viejo fantasma de las guerras nacionalistas, que la Unión intenta superar.
         Por otro lado los catalanes quieren despertar “simpatía” en otros países europeos mediante una campaña que, creen, puede ser efectiva. ¿Cómo pueden pensar en tal tontería?. Probablemente porque desconocen que varios países europeos pueden sufrir procesos semejantes, que les parecen tan necios como la secesión catalana. Francia puede temer la secesión de Córcega y, si triunfa en España el catalanismo, y le sigue el de los vascos, puede tener problemas en El Rosellón y en la Gascuña (la Vasconia francesa). Los belgas temen la secesión de Flandes, los italianos, la del norte.  ¿Cómo esperan tener simpatías?. Solo a un nacionalista puede ocurrírsele tal disparate, en la creencia de que sus ideas son correctas.
         El proceso nacionalista es algo que recuerda la Edad Media: el conde intenta independizarse del rey y convertirse a su vez en rey. División, división y división. En vez de tener un enemigo al norte y estar defendido por el sur por el “rey”, tenían enemigos por ambos flancos. ¿Quién ganaba en este proceso?: el conde convertido en rey. ¿Quién perdía?, como siempre el pueblo, que tenía que aportar la llamada “carne de cañón” para defender la “extensión” de las fronteras. Y lo malo es que ese pueblo creía que sería más grande. Pensar eso en el siglo XXI es no darse cuenta que o se es grande de verdad, o se es una porquería. Y un país independiente de unos pocos millones de habitantes, es una porquería si no pertenece a un organismo más grande, pero a costa de perder su “independencia” a favor de ese organismo.
         La verdadera pregunta es: independencia ¿para qué?

viernes, 8 de mayo de 2015

Elecciones


A fines de mes hay en este país unas elecciones regionales y municipales. Ni se me pasa por la mente decir a nadie si tiene que votar a Juan o a Pepe, pero sí querría decir que hay ir a votar.
         En las anteriores elecciones parecía que no había otra opción que los partidos “consagrados”, y el hecho de que en eéstas haya partidos nuevos, podría ser una razón para que mi llamamiento no tuviera tanta actualidad. Pero quiero hacerlo. Entre otras cosas, siempre me pareció que la distinción que se hacía en los recuentos, entre votos en blanco y votos nulos debería tener un reflejo. Los votos nulos, por definición lo son, nada que decir de ellos, pero los votos en blanco deberían reflejarse en el resultado dejando escaños vacíos. Y era una posible solución, pero el sistema electoral no lo permite.
         Y ese es el problema: el sistema electoral. El problema de este país, en este momento, es la ley electoral. Se ha hablado de listas abiertas, que es una solución aparentemente buena, pero el recuento de votos se podría convertir en eterno, con importantes problemas para los pobres componentes de las mesas. Y ¿qué decir del votante que, teóricamente, puede borrar de las listas a unos cuantos, cuando en las grandes circunscripciones ni siquiera conoce de oídas a la gran mayoría de los “listados”?. No me parece una solución.
         Otra posibilidad es la elección a dos vueltas, como la francesa, que en la situación actual podría dar sorpresas muy curiosas, pero ¿cómo se harían? ¿Solo para el alcalde o presidente de la autonomía? o ¿para todos y cada uno de los ediles, diputados o procuradores?. Lo cual lleva a elecciones con un solo electo por circunscripción al estilo inglés, cosa que no gustaría a los partidos minoritarios, pero que haría que ese elegido fuera mucho más próximo al votante. En las grandes ciudades, en vez de votar a una lista de 20, 30 o 40 nombres, se pasaría a votar a uno solo, entre los candidatos de cada distrito. El nombre no sería uno más en una larga lista de desconocidos, encabezados por uno conocido, sino que el votante podría conocer de cerca a los posibles candidatos. Vistas estas posibilidades, no me apetece decidirme por ninguna, pero algo habrá que hacer...
         Lo dicho: Hay que ir a votar y, que lo que salga de estas elecciones, sean gobiernos capaces de cambiar las reglas del juego, para hacerlo más próximo al votante…