A menudo se oye decir que la prostitución es el oficio más
viejo del mundo; no sé de dónde ha salido esa especie, pero no es cierto. Si se
piensa, es sabido en los humanos más antiguos no tenían una organización
social, de modo que no hacía falta ese oficio; siempre habría una hembra
dispuesta a recibir a un macho sin obtener nada a cambio (que, supongo, es la
condición habitual de la prostitución: cobrar) o viceversa.
Dicho esto, ¿cuál sería ese oficio más antiguo?. A lo mejor
el cazador, pero tampoco, pues casi todos lo eran y equivaldría a decir que ser
caminante es un oficio. En esos tiempos, el primero que hizo algo diferenciado de los demás, por
lo que recibiría algún tipo de remuneración sería el brujo o hechicero (o muy
probablemente la bruja o hechicera) y de esa ocupación partieron otras tres,
que siguen existiendo: el sacerdote, el médico y el constructor.
Supongo que nadie pondrá en duda los dos primeros, pero el tercero sonará raro
a muchos y requiere una explicación. A nadie le extraña oír llamar al
Papa, Sumo Pontífice, nombre heredado de los sacerdotes de la antigua Roma:
pontífices, pero pocos se habrán parado a pensar que, en latín, esa palabreja
quiere decir “el que hace puentes”, es decir, un constructor. Y que no me
vengan con que esos puentes serían espirituales, eran materiales, de madera o de
obra.
El filósofo francés, Marcel Mauss, lo explicaba de este
modo. Hacer un puente sobre un curso de agua sirve para no mojarse los pies en
el río (o evitar males mayores cuando la corriente es caudalosa o fuerte) y eso
supone ir contra el orden natural de las cosas, el Ordo rerum, que implica la obligtoriedad de mojarse. Así, para contravenir ese Ordo, hace falta pedir permiso a
los dioses, luego ahí entra el sacerdote, convertido así en constructor o, más
exactamente, archiconstructor o arquitecton, es decir, director de las obras. Y
eso seguirá durante muchos siglos o milenios después; a pesar de que históricamente,
los pontífices de la Roma clásica ya no dirigían las obras, todavía en su
época, se construía en uno de los extremos de los puentes un templo votivo
dedicado a la deidad del río (o la que correspondiera), como puede verse en un
extremo del puente de Alcántara, en Cáceres.
(De paso, no puedo resistir la tentación de anotar que, en arábigo andalusí,
Al-qantara, quiere decir el puente, por lo que éste se llama El puente del
puente).
En conclusión, ¿los oficios más viejos del mundo?: el cura,
el curandero y el constructor