viernes, 27 de febrero de 2015

Las letras, los letreros



Vivimos en un mundo cada día más complicado. Las leyes van teniendo en cuenta cada vez un mayor número de problemas de la gente.

Y una manifestación de ello son los textos que vienen en los productos de consumo. En primer lugar hay que decir todo lo que contiene el producto si es alimenticio y sus contenidos de grasas y demás. Además deben especificar las instrucciones de uso y los posibles elementos alérgenos; también se suma que el comercio se hace en varios países o en varias comunidades españoles y, por lo tanto, toda esa información viene en varios idiomas. Por eso, salvo que el envase tenga un tamaño considerable (y a menudo, ni en ese caso), para contener toda esa información, las letras son de cuerpo 6 o menor. Y eso no solo pasa en los productos alimenticios, sino en muchos otros.

Otro caso que también se ve a menudo es que los ascensores nuevos, accesibles a los minusválidos físicos, tienen el teclado bastante bajo, para poder alcanzarlo desde una silla de ruedas, Eso sí, los números están en los botones y además una parte de la superficie de éstos está ocupada por el número en braille, para los ciegos, por lo que el número es relativamente pequeño.

Y ahora viene la cuestión: soy viejo y, por lo tanto, présbita, y además soy de alta estatura. Por eso, esas letras de instrucciones me cuesta mucho leerlas, incluso con las gafas de cerca y tampoco veo bien los botones de los ascensores modernos si no me agacho (no suelo llevar las gafas de cerca por la calle). Cuando uno cuida su salud, cosa corriente a mi edad, debe mirar en los supermercados el contenido de las cosas que compra; aunque los componentes no sean nocivos, puede habérnoslos prohibido el médico.

Otro problema corriente es elegir el frasco adecuado en los hoteles para saber cuál es el champú y cuál el gel de ducha, porque en esa situación nadie se pone las gafas de cerca y los frascos son pequeños, en tres idiomas,.

Y la cuestión es que deberían tenernos también en cuenta a nosotros, casi todos los mayores de cincuenta años, que tenemos presbicia, lo que quiere decir que somos minusválidos y nos merecemos una cierta consideración, al menos tanta como los que van en silla de ruedas o los ciegos.


viernes, 20 de febrero de 2015

Simetria imperfecta



Muy a menudo se asimila la simetría a la perfección, pero a veces no es tan cierto como pudiera parecer. En lo que sigue emplearemos la palabra simetría en su acepción más común, la simetría axial. Y esta acepción es la que entiende la mayoría de la gente cuando piensa en el “orden”.

Desde este entendimiento, querría señalar un defecto corriente en el diseño de las griferías monomando: el afán de los diseñadores por la simetría. Efectivamente, las más de entre ellas disponen la maneta del mando de modo que proporciona una mezcla aproximada al 50% de fría y caliente cuando está en la posición simétrica, es decir, sobre el caño de salida. Para conseguir solamente agua fría debe desplazarse la maneta completamente a la derecha y para solo agua caliente, a la izquierda.

Y el defecto mencionado se manifiesta cuando, al lavarse las manos, la mayoría de la gente, por afán de orden, abre el grifo con el mando en la posición central, simétrica, y no espera la llegada del agua caliente; así consigue llenar de agua caliente la tubería de suministro, sin llegar a utilizarla y el agua se enfría en la tubería antes del siguiente uso. Hay una razón para que el usuario no espere el agua caliente: entre un uso y el siguiente, el agua (tanto la fría como la caliente) retenida en los conductos, habrá tomado la temperatura ambiente de los locales, es decir, entre los 20 a 25 ºC, lo que quiere decir que el usuario tendrá el agua a una temperatura no excesivamente fría y, por supuesto, más alta que la de la red, que en invierno podría estar a 4…7 ºC y en verano entre 14 y 16 ºC.

Hemos podido comprobar que según el cuidado que ponga el usuario, un lavado de manos dura entre 10 y 30 segundos, incluyendo el tiempo de enjabonado; también han medido el tiempo de salida del agua en grifos temporizados de aseos públicos, encontrando que van de los 6 segundos hasta 25. Se supone que los que tienen un tiempo corto (7 segundos o menos), sirven para remojado, después jabonado sin agua y luego se deberá dar otra pulsación para el aclarado. Muchos de estos grifos no tienen agua caliente, pero son un buen indicador para medir el tiempo que se tarda en lavar las manos.

Por ello sería lógico tomar un tiempo medio de 20 segundos que, con un caudal de 0,065 L/s (cifra que da el Código Técnico para este consumo, cuando se usa agua mezclada, DB HS4, tabla 2.1), habrán salido de la red de agua caliente 1,3 litros.

Ahora bien, si se supone una derivación de DN 12 para el lavabo, con una longitud de 3 m desde la alimentación del aseo, la cual podría ser de DN 20, si además alimenta la bañera, y estimando que puede tener ésta alimentación unos 5 m más desde el punto de alimentación de agua caliente (y a menudo será más larga), la suma de capacidades de estas tuberías será de 3 x 0,08 + 5 x 0, 31 =1,79 L, es decir, que un lavado de manos no ha llegado a vaciar el agua enfriada contenida en la tubería de alimentación. Para que llegase agua caliente, en el caso citado, habría que esperar aproximadamente 28 s.

Los 1,3 litros estimados más arriba, habrán requerido, por término medio, unos 270 kJ de energía que, si se ha calentado con gas natural, habrán emitido unos 18 g de CO2, y cantidades mayores si es otro el combustible empleado.

Lo que se ha dicho para el lavado de manos, puede decirse para el lavado de dientes, con la diferencia de que esta actividad puede tardar más y, cuando empiece a salir el agua caliente, se girará el mando, para seguir con agua fría, dejando también el agua caliente enfriarse en la tubería.

Puede aducirse que es un gasto energético pequeño, cierto, pero en un mundo en el que se aconseja apagar, cuando no se usan, hasta los indicadores LED de los muchos aparatos electrónicos de que disponemos, este consumo también cuenta (tiene menos justificación: es un desperdicio, sin paliativos) y se podría eliminar con un diseño apropiado de las griferías.

Ciertamente pueden hacerse objeciones a los cálculos expuestos. Las tuberías podrían ser más cortas o más largas; parte de la preparación de ACS, podría haberse hecho por energía solar (gratuita y no contaminante), pero también hay que tener en cuenta que no es lógico preparar con el sol el 100% del consumo de ACS, luego al menos una parte se habrá preparado con energías contaminantes.

Hay que precisar que esta situación se presenta en griferías de uso no frecuente (entre un uso y el siguiente habrá dado tiempo a enfriarse el agua de la tubería), como es el caso de las de aseos privados, sean de vivienda o de hoteles. No se dará en los grifos de la bañera o de la ducha, en los que se suele esperar a que salga agua caliente para usar agua mezclada, aunque también sería aconsejable cambiar el diseño, para que su manejo fuese igual al de las griferías de lavabos.

De todo ello se deduce que es un diseño incorrecto y que debería cambiarse. Lo más sencillo sería girar el grupo de mezcla, de modo que en la posición central de la maneta (en posición simétrica), solamente salga agua fría, y girando hacia la izquierda se obtengan mezclas con caliente. También se podría cambiar el manejo del mando, haciendo que hacia los lados se cambie el caudal y hacia arriba se haga la mezcla de agua (solo agua caliente en el extremo superior), pero en cualquier caso es necesario cambiar el diseño de estas griferías, y cuanto antes, mejor.

Otra posibilidad es que todo el grifo sea asimétrico, por ejemplo, poniendo la maneta en un lateral, pero tiene el inconveniente de que puede resultar incómoda para los zurdos.


lunes, 16 de febrero de 2015

Las autopistas radiales



Parece que ciertas autopistas de peaje tienen problemas para financiarse: en una situación de crisis económica, la gente prefiere las antiguas autovías, gratuitas, y ahorrarse un gasto más. Hasta aquí todo normal. Las autopistas, las radiales, que parecen ser las que más problemas tienen, las hizo construir el gobierno de un partido caracterizado por no hacer estudios serios para hacer las inversiones (véase como famoso paradigma el aeropuerto de Castellón); unos cuantos amiguetes dijeron al gobierno: vendría muy bien una autopista paralela a la autovía existente, para librarse de los embotellamientos de la masa “municipal y espesa” a ciertas horas. Pero, ¡ay!, a bastantes de esos amiguetes también les llegaron vacas flacas con la crisis, y dejaron de utilizarlas.
Cuando algo carece de ingresos  suficientes hace lo que puede por aumentarlos. Un ejemplo son las compañías aéreas de bajo coste: con precios bajos se llevan una parte importantísima de los viajeros que antes tenían que pagar más, o incluso viajan los que no lo hacían por falta de posibles para hacerlo. Otro ejemplo fue el de Renfe y el AVE. Cuando, por las mismas razones que las autopistas, empezaron a descender los viajeros, bajaron los precios y volvieron a ganar dinero.
¿Qué hacen las autopistas?, pues como primera medida aumentaremos los ingresos si subimos los precios. Naturalmente pierden tráfico, pues aumenta el número de gentes que no pueden pagarlo.
Acto seguido pretenden poner un impuesto pequeño sobre el uso de las autovías. Lo que en Suiza llaman “vignete” y cuyo coste es relativamente reducido (unos 30 o 35 € al año) para el que vive o pasa con frecuencia por allí. Un poco más caro para el que recorre una vez el país, pues paga el mismo precio. Pero en Suiza se puede prescindir de pasar por las autopistas, pues siempre hay una carretera nacional paralela, cosa que no ocurre en nuestro país, pues las autovías se hicieron aprovechando el trazado de las antiguas nacionales.
La última salida de pata de banco ha consistido en proponer “obligar” a los camiones a tomar la autopista de peaje cuando es paralela a una carretera nacional.
Y el problema es que, por contrato, el gobierno debe de hacerse cargo de las pérdidas de las autopistas, y “salvarlas”. Con razón, el gobierno se muestra remiso a esta solución, con la que está cayendo, y elecciones a la vista. ¿Recortes en sanidad y ciencia, e inversiones en estupideces como el aeropuerto de Castellón o las autopistas? = pérdida de votos.
La verdadera solución es bajar los precios. Es como un embalse: si se baja la cota de coronación, saldrá mucha mas agua.

viernes, 13 de febrero de 2015

La enseñanza (2)



Hoy toca hablar del nivel elemental. En este nivel deben estudiar historia, literatura, lengua y ciencias. Pero sobre todo, estudiarlo bien. Algunas cosas (las ciencias) con poca extensión y rigurosamente, de modo que lo que aprendan, lo sepan bien.

La lengua y literatura deberían estudiarla casi jugando, leyendo o representando comedias jocosas de Lope o Tirso. No me parece una broma lo de la comedia clásica, porque en ellas está el idioma.

Además, desde esta fase, habría que enseñarles a discutir, respetando al contrario. Debería fomentarse la discusión colectiva, con el profesor/ra como moderador. Incluso incitando discusiones poniendo a algunos a defender algo en lo que no creen. Y temas de actualidad. La enseñanza que pueden recibir fuera de esto no pasa de ser vergonzosa: en alguna tertulia televisiva sobre temas de interés, se quitan la palabra unos a otros y no se escuchan. Supongo que era una de las funciones que debía cumplir la tan debatida asignatura "Educación para la ciudadanía".

Desde que se desarrollaron las autonomías, la geografía que estudian es la de la región, pero saberse los arroyos que desembocan en un afluente de un afluente (desde Madrid, pienso en el Manzanares), no me parece una cultura que valga la pena tener. Vale más estudiar la geografía general, la de Europa, un poco más cerca, la de España, y algo de la comunidad autónoma. Otro tanto diría de la Historia. Cuando yo estudié, casi siempre se acababa a finales del siglo XVIII y el XIX, clave para entender la historia contemporánea, casi ni se nombraba. Los atisbos de modernización de España, con los liberales (no los de ahora, los de entonces) y las sucesivas derrotas de los carlistas; todo ello, que tan poco gustaba al franquismo, no parecía importante.

Y debería de estudiarse de modo mucho más serio todo ello. Mis hijos, ya mayorcitos, tuvieron en su tiempo un libro de matemáticas en que, en un problema, el ruedo de una plaza de toros, resultaba tener 18 metros (cuando debe ser de unos 70), una bicicleta tenía una rueda de 1,7 m de diámetro, pero no era un velocípedo. Con esos ejemplos poco sentido de la realidad pueden obtener de su enseñanza.

viernes, 6 de febrero de 2015

La enseñanza (1)



Nadie duda de que la enseñanza sea importantísima en la vida de la gente y de los países. Sin embargo en el nuestro, España, parece que nadie sabe lo que es eso, la enseñanza.

Voy a intentar dar mi versión del asunto.

La primera cosa que habría que dejar clara, es que los políticos no tienen ni idea de cómo debe ser. Unos creen que es importante la religión, otros la lengua o formación del espíritu nacional (como se llamaba en tiempos del otro nacionalismo, el franquista); no se atreven a llamarlo así, pero no deja de ser eso: formación del espíritu nacional. Hay que enseñar al estudiante aquello necesario para la vida y, sobre todo, lo que puedan aprender de verdad.

Hay que separar la enseñanza en sus distintos niveles: básico, elemental, bachillerato y superior. Y en cada una de ellas habría que enseñar lo necesario, como si el estudiante fuese a abandonar al terminar ese ciclo.
Hoy voy a tratar el nivel básico; los demás niveles tendrán su tratamiento particular en sucesivos artículos. Las diversas calificaciones que se dan en la “enseñanza oficial” (primaria, secundaria, bachillerato…) no me valen porque no tengo muy claro dónde están las divisiones en mi clasificación.

En el nivel básico habría que enseñar a contar y a leer. Y lo más importante, a hablar. A dar el sentido preciso a las palabras empleadas. Incitar a los niños a saber palabras nuevas; por ejemplo, preguntando el nombre concreto de un árbol y no tratarlo como “árbol” a secas.Por la misma razón debe enseñarse a la expresión, mediante redacciones sobre temas elementales.

No estaría nada mal recuperar el uso del aprendizaje memorístico, tan denostado hace unos años. Hay cosas que vale la pena saber de memoria, por poner un ejemplo de algo que corresponde a más adelante, el desarrollo del binomio de Newton, o el teorema de Pitágoras; por mucho que puedan deducirlo, siempre es mejor saberlo de carrerilla. Y para ello hay que aprender a usar la memoria. Podrían hacerlo aprendiendo el “con diez cañones por banda” o “Abenamar, Abenamar”. De paso aprenderían a entonar correctamente.

Y, sobre todo, que no tengan deberes en casa. Como mucho en los fines de semana y en vacaciones. Como mucho aprender una lección (unas palabras de inglés, unos nombres de cordilleras o ríos). Y hay razones fundamentales: no todos los padres están capacitados para ayudar. Unos por falta de instrucción (quizá solo en alguna materia concreta), pero la mayoría, porque no tienen cualidades docentes. Y eso puede ser un desastre para la formación del niño.  Una cosa es aprender con un maestro y otra con unos padres docentemente inútiles.

Para terminar, hay que tener en cuenta que para un niño es un horror llegar a casa y tener que continuar con el trabajo. Y supone educar a un futuro trabajador en la mentalidad de llevarse trabajo a casa, lo cual, salvo excepciones, es una monstruosidad. Una buena educación consistiría en saber inculcar a los niños, a los futuros trabajadores, un buen aprovechamiento de la jornada escolar (laboral), porque el nuestro es un país en el que se trabajan muchas horas pero con una productividad mucho menor que otros europeos. Y la educación para este menester, tiene que venir desde la escuela. Al salir del aula (del trabajo) no se debe pensar más en ella (él).

Puede suponerse que a un futuro estudiante de niveles superiores de enseñanza, debe educársele para dar un repaso a las lecciones, estudiando, pero no a hacer unas cuentas o unos problemas, a lo que muchos padres no están preparados para ayudar.