Algo
que no entienden normalmente mis conciudadanos es que las calefacciones
centralizadas son más eficientes y ecológicas que las individuales. Y
cuanto más grandes, cuantas más
viviendas sirvan, todavía más. A menudo, incluso sabiendo que sé de lo que
hablo y creyendo en mis conocimiento sobre el asunto, mucha gente me dice que
el ideal de calefacción es la individual por gas. No es de extrañar: un anuncio
de televisión canta las bondades del sistema machaconamente. ¿Por qué?, muy
sencillo, en las tarifas este sistema es el que vende el gas, el metro cúbico,
a un precio mayor. Los anuncios son de las compañías gasistas, naturalmente.
Comprado al por mayor, para centrales grandes, es más barato.
Hay además una razón histórica para esta
idea y convendría empezar por contar esa vieja historia de los sistemas de
climatización de viviendas en nuestro país. Desde hace más de un siglo las
casas de gente acomodada tenían calefacción centralizada. El combustible era el
carbón y subirlo a los pisos para encenderla individualmente era un engorro;
mejor que la encendiera el portero.
Hace unos 60 años, en viviendas más
modestas, se empezó a popularizar un sistema eléctrico que se llamó “calor
negro” que tenía ventajas sobre la vieja estufa de resistencias: no consumía
energía en emitir luz y sus superficies estaban protegidas contra quemaduras y
descargas eléctricas, pero las facturas eran muy altas y, cuando empezó la distribución
de gas natural, se fueron cambiando por calefacciones individuales de vivienda:
una sola caldera alimenta de calor a varios radiadores y además, el gas, como
energía, es más barato que la electricidad. Para los promotores la instalación
era mucho más barata que la centralizada individual y, además, el gas que se
distribuía por entonces, el llamado gas ciudad, no garantizaba proporcionar un
caudal capaz de dar suficiente energía para la calefacción. La llegada del gas
natural cambió el panorama, permitiendo esta calefacciones, y la idea sigue
ahí, a pesar de que hay sistemas más económicos, como la calefacción
centralizada.
Ahora corresponde explicar por qué otras
razones la calefacción central es mejor que la individual. En primer lugar se
piensa que la individual es mejor porque el usuario la enciende cuando lo
necesita y no en otros momentos. Eso es muy relativo. Naturalmente en casas
aisladas es perfectamente cierto, pero en casas de vecinos no. En éstas se
produce un fenómeno grave que se conoce en la técnica como “robo de calor”;
efectivamente, el usuario que no enciende su caldera se calienta con el calor
producido por sus vecinos paredaños o de arriba y abajo, obligándoles a un
consumo mayor. El nombre no es arbitrario: realmente se roba calor. Y ello se
debe a que, incluso en los edificios más modernos, si bien se aísla del clima
exterior, no se aíslan los separadores entre viviendas del mismo edificio,
suponiendo que todos encienden la calefacción y por lo tanto el intercambio
entre viviendas es nulo. Pero si uno no enciende, los vecinos inmediatos
pierden calor por esos separadores hacia la vivienda más fría, de modo que el
usuario que no enciende se calienta, en parte, con el calor de los inmediatos,
robando su calor, lo que hace que su comodidad no se vea mermada en la misma
medida que si fuera una casa aislada.
Contra lo que se piensa de la calefacción
colectiva, los sistemas modernos permiten regular la temperatura y medir el
gasto individualmente y, el que quiera pasar menos calor, no tiene más que
bajar su termostato, gastando menos. Eso si, en el reparto de los gastos hay
una parte fija que todos pagan y otra variable en función del gasto, de modo
que el que enciende poco o nada, con la parte fija compensa económicamente, en
cierta medida, a los que roba calor[1].
Y contra el robo de calor, propondría que
los edificios que se proyecten con calefacciones individuales, la normativa
obligue a que entre las distintas viviendas haya un aislamiento térmico
semejante al que se obliga a las viviendas aisladas. De este modo, con un gasto
económico importante, se disuadirá a hacer, por costumbre, algo tan
antiecológico como las calefacciones individuales. Y en el caso de que en una
comunidad de propietarios se apruebe cambiar una calefacción centralizada por otra
individualizada, se obligue también al mismo cambio constructivo.
Sin duda, otra ventaja, es que es más
económica. Los rendimientos de las calderas grandes son mejores que los de las
pequeñas, por lo que aprovechan mejor el combustible, pero además, los precios
de ciertos combustibles son menores para grandes consumidores, que en el caso
del gas natural y para un conjunto de viviendas grande, puede alcanzar rebajas
de hasta el 40%.
Finalmente hay otras cuestiones. Una de
ellas tratada en la entrada anterior: si no hay instalaciones centralizadas, no
se podrá aprovechar la posibilidad de fuentes gratuitas o residuales, por medio
de distribuciones urbanas de calor (que también podrán ser de frío en verano
para refrigeración).
La otra consiste en el aprovechamiento de
la energía solar para agua caliente para usos sanitarios. Esta instalación
funciona tanto mejor cuanto mayor es el número de usuarios que la utilizan. Y
por otro lado, es necesario que haya una energía de apoyo, para las épocas en que
el sol está en sus momentos más bajos (invierno). El modo más económico de dar
esa energía es con la caldera de calefacción o, en su caso, con otra caldera de
la misma central, naturalmente de edificio.
[1] En Francia, concretamente, creo
que la parte fija está fijada en un 50% del total de los gastos, para compensar
adecuadamente ese robo de calor,