viernes, 27 de marzo de 2015

La calefacción central




Algo que no entienden normalmente mis conciudadanos es que las calefacciones centralizadas son más eficientes y ecológicas que las individuales. Y cuanto  más grandes, cuantas más viviendas sirvan, todavía más. A menudo, incluso sabiendo que sé de lo que hablo y creyendo en mis conocimiento sobre el asunto, mucha gente me dice que el ideal de calefacción es la individual por gas. No es de extrañar: un anuncio de televisión canta las bondades del sistema machaconamente. ¿Por qué?, muy sencillo, en las tarifas este sistema es el que vende el gas, el metro cúbico, a un precio mayor. Los anuncios son de las compañías gasistas, naturalmente. Comprado al por mayor, para centrales grandes, es más barato.
Hay además una razón histórica para esta idea y convendría empezar por contar esa vieja historia de los sistemas de climatización de viviendas en nuestro país. Desde hace más de un siglo las casas de gente acomodada tenían calefacción centralizada. El combustible era el carbón y subirlo a los pisos para encenderla individualmente era un engorro; mejor que la encendiera el portero.
Hace unos 60 años, en viviendas más modestas, se empezó a popularizar un sistema eléctrico que se llamó “calor negro” que tenía ventajas sobre la vieja estufa de resistencias: no consumía energía en emitir luz y sus superficies estaban protegidas contra quemaduras y descargas eléctricas, pero las facturas eran muy altas y, cuando empezó la distribución de gas natural, se fueron cambiando por calefacciones individuales de vivienda: una sola caldera alimenta de calor a varios radiadores y además, el gas, como energía, es más barato que la electricidad. Para los promotores la instalación era mucho más barata que la centralizada individual y, además, el gas que se distribuía por entonces, el llamado gas ciudad, no garantizaba proporcionar un caudal capaz de dar suficiente energía para la calefacción. La llegada del gas natural cambió el panorama, permitiendo esta calefacciones, y la idea sigue ahí, a pesar de que hay sistemas más económicos, como la calefacción centralizada.
Ahora corresponde explicar por qué otras razones la calefacción central es mejor que la individual. En primer lugar se piensa que la individual es mejor porque el usuario la enciende cuando lo necesita y no en otros momentos. Eso es muy relativo. Naturalmente en casas aisladas es perfectamente cierto, pero en casas de vecinos no. En éstas se produce un fenómeno grave que se conoce en la técnica como “robo de calor”; efectivamente, el usuario que no enciende su caldera se calienta con el calor producido por sus vecinos paredaños o de arriba y abajo, obligándoles a un consumo mayor. El nombre no es arbitrario: realmente se roba calor. Y ello se debe a que, incluso en los edificios más modernos, si bien se aísla del clima exterior, no se aíslan los separadores entre viviendas del mismo edificio, suponiendo que todos encienden la calefacción y por lo tanto el intercambio entre viviendas es nulo. Pero si uno no enciende, los vecinos inmediatos pierden calor por esos separadores hacia la vivienda más fría, de modo que el usuario que no enciende se calienta, en parte, con el calor de los inmediatos, robando su calor, lo que hace que su comodidad no se vea mermada en la misma medida que si fuera una casa aislada.
Contra lo que se piensa de la calefacción colectiva, los sistemas modernos permiten regular la temperatura y medir el gasto individualmente y, el que quiera pasar menos calor, no tiene más que bajar su termostato, gastando menos. Eso si, en el reparto de los gastos hay una parte fija que todos pagan y otra variable en función del gasto, de modo que el que enciende poco o nada, con la parte fija compensa económicamente, en cierta medida, a los que roba calor[1].
Y contra el robo de calor, propondría que los edificios que se proyecten con calefacciones individuales, la normativa obligue a que entre las distintas viviendas haya un aislamiento térmico semejante al que se obliga a las viviendas aisladas. De este modo, con un gasto económico importante, se disuadirá a hacer, por costumbre, algo tan antiecológico como las calefacciones individuales. Y en el caso de que en una comunidad de propietarios se apruebe cambiar una calefacción centralizada por otra individualizada, se obligue también al mismo cambio constructivo.
Sin duda, otra ventaja, es que es más económica. Los rendimientos de las calderas grandes son mejores que los de las pequeñas, por lo que aprovechan mejor el combustible, pero además, los precios de ciertos combustibles son menores para grandes consumidores, que en el caso del gas natural y para un conjunto de viviendas grande, puede alcanzar rebajas de hasta el 40%.
Finalmente hay otras cuestiones. Una de ellas tratada en la entrada anterior: si no hay instalaciones centralizadas, no se podrá aprovechar la posibilidad de fuentes gratuitas o residuales, por medio de distribuciones urbanas de calor (que también podrán ser de frío en verano para refrigeración).
La otra consiste en el aprovechamiento de la energía solar para agua caliente para usos sanitarios. Esta instalación funciona tanto mejor cuanto mayor es el número de usuarios que la utilizan. Y por otro lado, es necesario que haya una energía de apoyo, para las épocas en que el sol está en sus momentos más bajos (invierno). El modo más económico de dar esa energía es con la caldera de calefacción o, en su caso, con otra caldera de la misma central, naturalmente de edificio.


[1] En Francia, concretamente, creo que la parte fija está fijada en un 50% del total de los gastos, para compensar adecuadamente ese robo de calor,

jueves, 19 de marzo de 2015

El día del padre



Hoy interrumpo la cuestión de la energía para poner algo de actualidad.
         La iglesia dice que San José es el día del padre. Reconociendo el papel como padre de dicho santo, hay que recordar que solo era padre putativo (PP o Pepe, como se llama a los Josés) y no parece un honor para el resto de los padres tener tal patrón. Si se dice que “mater semper certa, pater semper incerto”, tal patronazgo abona esta máxima.
         Hubiera sido mejor poner para esta cosa a San Joaquín, cuya paternidad biológica no pone la Biblia en causa.

viernes, 13 de marzo de 2015

El ahorro de energía en calefacción



Uno tiene la impresión de que el desbordamiento que sufre el gobierno con los asuntos económicos, ha hecho olvidar los demás problemas que siguen acumulándose uno encima de otro. Y el riesgo es que volverán a aparecer cuando todo esto termine, sea cuando sea. Por eso, los ministros no directamente implicados directamente en la crisis (o en los recortes) deberían empezar a pensar en el comienzo del crecimiento económico, y con ideas nuevas que sirvieran a largo plazo.

Una idea repetida desde el comienzo de la crisis es que hay que cambiar el modelo de crecimiento. Partiendo de ella, hemos querido reflexionar en voz alta desde nuestro campo: la energía en la edificación.

La reflexión puede empezar por un hecho que parece muy olvidado: en las centrales de producción eléctrica mediante combustibles fósiles, más de la mitad de la energía primaria empleada se desperdicia en forma de calor hacia la atmósfera en las torres de refrigeración. También esas centrales emiten dióxido de carbono (CO2), gas considerado como principal responsable del efecto invernadero. Quiere decir esto, que más de la mitad del CO2 que se emite ha servido para producir una energía térmica residual que también se envía a la atmósfera.

No solamente emiten CO2 las centrales de producción eléctrica, también lo hacen las calefacciones de las viviendas. Y es hora de pensar en serio en llevar esa energía térmica residual de las centrales hacia las viviendas, para calefactarlas, consiguiendo con ello la reducción de las emisiones de las calefacciones de edificios, emisiones que, por otro lado, cuestan dinero al contribuyente: España emite más CO2 del permitido por la normativa europea, y actualmente estamos comprando derechos de emisión de CO2 a Polonia (El País 5 de octubre de 2012. España cumplirá Kioto con una compra de saldo de CO2 polaco... El acuerdo, del que el ministerio no da las cifras por ser “confidenciales”, supone la compra de las casi 100 millones de toneladas que España tenía pendiente por unos 40 millones de euros).

Conseguir esto exige hacer cambiar ciertas ideas muy populares sobre cuál es el “mejor” sistema de calefacción, e incluso de refrigeración, cambios semejantes a los que ya se han hecho en otras ocasiones, aunque en las anteriores fuese de modo “natural”, es decir, sin intervención de la normativa.

Existe la idea de que este sistema mejor es la calefacción individual por gas natural canalizado. Incluso sé de edificios que han cambiado una calefacción central por estas individuales. Pero no es el mejor sistema. Próximamente discutiré esta idea más por menudo, pero hoy voy a centrarme en las ventajas de la calefacción centralizada para el aprovechamiento de las energías gratuitas y residuales.

Además de la citada energía residual de las centrales térmicas, hay también energía geotérmica (natural, gratuita) en yacimientos profundos, que puede aprovecharse en calefacciones, pero ambas necesitan la construcción de un sistema urbano de reparto de calor (calefacción urbana), sistema que supone una inversión notable. Para que sea rentable, se necesita que los receptores sean suficientemente numerosos y esos receptores no pueden serlo salvo que sean calefacciones centralizadas, en las que se cambiaría la caldera por un intercambiador de calor, pero en lo demás seguirían funcionando como hasta ahora.

Hace unos 30 años, el IDAE (Instituto para la Diversificación y Ahorro de la Energía) intentó aprovechar un acuífero caliente que hay en las proximidades de Madrid, estrellándose contra la realidad de que, en varios kilómetros a la redonda (bastante poblados, por cierto), no había más que calefacciones individuales, lo que obligaba a hacer no solo inversiones en la red urbana, sino en los propios edificios para unir esas redes individuales en una colectiva, lo cual era mucho más complicado y caro.

¿Cómo pueden actuar las autoridades para conseguir mejorar esta situación?.  En los últimos tiempos, y es verdad que arrastrados por las directrices de Bruselas, se ha publicado normativa para mejorar el rendimiento energético de los edificios, principalmente de los nuevos, pero también de los existentes. Sin embargo se echa en falta normativa que trate sobre este tema, el tipo de calefacción que hay que instalar en los edificios.

Curiosamente, la existencia de sistemas de reparto de calor urbanos es vieja costumbre en muchos países europeos y Bruselas apenas ha entrado en la “especificidad” de nuestro país en ese aspecto, por lo que no ha dictado regulaciones, pensando que era cosa hecha. Así, es el gobierno de este país es el que debe coger el toro por los cuernos y promulgar normativa al respecto.  En ese sentido debería hacer que la normativa regulara algunas de estas posibilidades:
a)      Prohibir lisa y llanamente las calefacciones individuales en los nuevos edificios.
b)      Prohibir que en edificios existentes se supriman los servicios centralizados de calefacción.
c)      En caso de que no se regule lo dicho en a), obligar, de todos modos, a reservar sitio para una central térmica y para conducciones de distribución, para instalar calefacción central en su momento.

viernes, 6 de marzo de 2015

Los anuncios telefónicos



      Es verdaderamente cargante eso de recibir llamadas telefónicas en las que alguien quiere venderte algo. En cierto momento supe que en algunos países existe una registro, llamado lista Robinson, en que los que se apuntaban, dejaban de recibir mensajes en su teléfono.
      Por entonces (ya hace unos 20 años) escribí al defensor del pueblo pidiendo que se implantase en España tal cosa. Me contestó algo que no tenía nada que ver y que era completamente absurdo: según la ley de Protección de datos: “tenía derecho a hacerme borrar de los listados de donde obtenían sus datos los que llamaban para anunciarse”. Me pareció que era una tontería: no quería borrarme de las listas; quería que mis amigos me encontrasen, pero no los publicistas. Y por otro lado ¿cuántas listas corrían por ahí, con mis datos?; buscarlas todas podría ser una labor de chinos.

       Desde entonces he sufrido los ataques de los anunciantes. A menudo estos “ataques” eran cuando estaba en el extranjero, obligándome a pagar el “roaming” por una llamada que no me interesaba. En los demás casos me libraba de los anunciantes diciendo sencillamente que su oferta me podía interesar siempre que la enviasen por carta, porque por teléfono no aceptaba publicidad. Creo que nunca lo hicieron, mandarla por carta, con todas las condiciones, aunque fuera en letra pequeña. Pero siguieron machacándome con sus llamadas. Poco importaba que fuese la hora de mi siesta o estuviese en el otro extremo de mi casa.

       Han pasado años desde entonces, y una llamada esta tarde me ha inspirado quejarme contra ello. Como no recordaba el nombre de la "lista" lo he buscado en internet y me he encontrado con la sorpresa de que, desde hace unos años, tal lista existe en España; y ahí va la dirección de internet:  https://www.listarobinson.es/, donde cualquiera puede apuntarse para que no le llamen los pesados que quieren que te cambies (de compañía telefónica, eléctrica, de gas o de cualquier otra tontería). Aun no se si funcionará bien, pero lo espero. Por supuesto la ley la hizo un gobierno socialista, no uno de derechas...

       Todo esto viene a cuento de que, desde hace una temporada recibo periódicamente una llamada como la de esta tarde, y lo peor (o mejor) de esa llamada, es que era un ordenador el que hablaba. Al menos esta vez se tiene la ventaja de que se le cuelga sin remordimientos de conciencia: no se es mal educado si no hay necesidad de dar explicaciones.