Me ha preguntado hoy si estaba a favor del aborto y me he
dado cuenta de que la pregunta esta siempre mal hecha, puesto que tiene dos
respuestas. Mi respuesta primera es: estoy completamente en contra; me parece
un horror, tanto para el feto como para la propia mujer, y la segunda: estoy a
favor de una ley reguladora. Todavía recuerdo la época en que las mujeres
“pobres” (una mayoría) se jugaban la vida cuando no podían tener un niño (no
entro en las razones) mientas que las “pudientes” se iban a Londres, donde se
podía abortar libremente. Cierto que la ley no es capaz de limitar el derecho a
las que verdaderamente lo necesitan y muchas otras lo hacen porque les da la
gana (porque se han dejado embarazar haciendo el idiota), pero eso no quita para
que exista la ley. Y me hace también pensar que es una ley ha llegado cuando
era menos necesaria, ya que la sociedad es mucho más permisiva con las
maternidades en soltería.
Y eso también me hace pensar en otra cuestión que también se
discute a menudo: la pena de muerte. Debo reconocer que siempre he creído que
algunos criminales merecen esa pena. Pero estoy en contra de su aplicación
porque la pena la imponen unos jueces (o jurados, tanto da, que me da lo mismo)
que son humanos y, por lo tanto, falibles. Y ante la disyuntiva de condenar a
un solo inocente, creo que no se puede condenar a nadie, por muy culpable que
sea y lo merezca.