jueves, 15 de diciembre de 2016

La cocina, una leyenda



Hace tiempo oí una leyenda china sobre la historia de la cocina que me gustaría contar.
Dice esa leyenda que, en los antiguos tiempos en que se comía todo crudo, en cierta ocasión, en una aldea, se incendió una choza de paja y ramas, en la que había una cerda recién parida que escapó de las llamas, pero algunos de los lechoncillos se quedaron dentro. Cuando el fuego se redujo, los aldeanos se acercaron y notaron un olorcillo muy agradable. Uno de ellos toco uno de los lechoncillos con el dedo y, al quemarse, se lo chupó y vio que tenía muy buen sabor, así que al rato todos los aldeanos estaban comiendo muy contentos. Acertó a pasar por ahí un mandarín con su séquito y preguntó lo que pasaba; los aldeanos se lo explicaron y el mandarían probó el manjar. Cuando volvió a la capital, lo comentó con sus colegas y, desde entonces, los mandarines iban a las aldeas, compraban cochinillos y chozas y las quemaban para comer lechón asado.
Preocupado el emperador por el problema de que las aldeas de los alrededores estuvieran frecuentemente en llamas e, incluso a veces, se extendiera el fuego a los alrededores, reunió a los sabios para que buscasen un medio de asar la carne sin daños, y los sabios inventaron la cocina y el horno.
Si existe o no esta leyenda no lo sé, pero vale la pena difundirla. Creo.

miércoles, 26 de octubre de 2016

El cambio de hora.



Como pasa todos los años por estas fechas, salta a los medios el asunto del cambio de hora. Hoy he recibido una llamada para firmar una petición de que España pase a su “huso horario natural”, que, según ellos, sería el de Portugal o el del Reino Unido. Examinando la cuestión desapasionadamente, lo de la hora o el huso horario, es una convención que sirve para regular nuestra actividad diaria. Se dice que los españoles “comemos tarde” respecto a otros europeos, pero en el horario actual, con dos horas de adelanto sobre el sol, resulta que comemos entre las 1200 y las 1300 solares, es decir, al mediodía. Las actividades se han adaptado al horario solar, no al huso horario.
El español está adaptado a este horario convencional hace muchos años y, de cambiar de huso, debería adaptarse al nuevo para no hacer todo con retraso, es decir, levantarse, ir a trabajar, comer, etc. una hora antes. ¿Estarían los españoles dispuestos a ello?. Estoy seguro de que no, de modo que dejemos el huso donde está y no mareemos la perdiz, que no toca.
Aunque habría que preguntarse si la fijación del huso horario que tenemos se hizo en función de que por entonces ya lo hacíamos todo más tarde. Sí, ya se esa historia de que Franco lo hizo para adaptarse al mismo horario que las potencias del Eje, pero piénsese en esta otra posibilidad; no es tan descabellada.

viernes, 12 de agosto de 2016

Gijón y el ferrocarril



He pasado unos días en Gijón y allí se hablaba de un terreno que llaman el solarón. En esa parcela estaba la estación del tren, una estación que estaba casi en el centro de la ciudad, como debe ser. Ahora está más lejos y, al parecer, pretenden llevarla aún más.
Los vecinos quieren que sea una zona verde, contra la idea de la administración de la red de vías ferroviarias (Adif) que pretende recalificar los terrenos para edificar y hacer negocio. Los vecinos se oponen y quieren una zona verde.
Algún colega arquitecto ha propuesto una solución que podría contentar a todos, la de Le Corbusier: construir en altura para dejar suelo libre para espacios ajardinados, pero en este caso el arquitecto suizo estaba muy equivocado, es una solución muy mala. Cerca de los edificios altos siempre se forman corrientes de aire fuertes que hacen inhabitables esos espacios libres. De antiguo lo saben los que tienen una catedral con torre; los sevillanos llaman “matacanónigos” al viento que se forma en la Giralda. Y se podrían dar más ejemplos. Aplicar esa solución en una ciudad ventosa, como Gijón, sería un grave error.
Viene  todo esto a cuento, porque lo que verdaderamente es un despropósito es ir alejando la estación del centro. En todas las naciones de nuestro entorno, las estaciones están en el centro de la ciudad y así debe ser. Cierto que el que va a un destino lejano puede permitirse un trayecto un poco más largo para llegar a la estación, pero el que usa los cercanías debería llegar en un momento. Renfe se empeña, con razón, en aumentar el uso del tren y es lógico, es su negocio, pero Adif se  lo pone difícil alejando las estaciones de los centros. Un ejemplo claro es la nueva estación del AVE de Segovia; para llegar a ella se tarda tanto tiempo como para llegar a Madrid desde ella, lo que es un despropósito evidente: un viaje que casi puede considerarse de cercanías, puesto que dura menos de media hora se convierte en uno de una hora.
Por eso debe defenderse que ese terreno de Gijón vuelva a ser estación, todavía se está a tiempo. Adif aprovecha para financiar sus obras con la especulación de solares, pero están tirando piedras a su tejado, dificultando su negocio: el uso del ferrocarril, lo que significa que esas operaciones son pan para hoy y hambre para mañana.