viernes, 19 de junio de 2015

La libertad de expresión



Desde que se crearon los primeros parlamentos más o menos democráticos, se instauró como protección, para que los diputados pudieran tener libertad de palabra, la inmunidad parlamentaria, el aforamiento; nada de lo que dijeran “sus señorías” podía ser delito. También servía para prevenir que alguien pudiera implicarlos en otro tipo de delitos, dificultando su labor parlamentaria. Cuando la libertad de expresión se extendió a todos los ciudadanos, el aforamiento ha quedado, aparentemente, solo para este último tipo de delitos. Tradicionalmente, el parlamento tenía que dar su permiso al procesamiento con la fórmula: “damos autorización para que su señoría, Fulano, pueda defender su honor”. Esta fórmula se ha perdido (por lo que sé).
Mucho han cambiado las cosas. Y los parlamentarios acusados se escudan en esa “inmunidad” para protegerse de la investigación de delitos verdaderos, hasta el punto que se habla de quitar el aforamiento.
Viene esto a cuento por lo que ha pasado con una concejal del nuevo ayuntamiento de Madrid. Parece que está acusada de un delito contra la iglesia católica, cuando lo que hizo fue manifestarse contra una cuestión muy puntual: que una iglesia (la católica o cualquier otra, supongo) tenga representación (iglesia, mezquita o sinagoga) en un organismo público, como la universidad. Por entonces la actual concejal, no era representante del pueblo (ni diputada, ni siquiera concejal). Lo que hizo fue manifestar su rechazo a una situación absurda en un estado laico, ejerciendo su libertad de expresión. Y no quiero meterme en cómo fueron las formas de su “manifestación”, aunque fueran tan absurdas como la situación en cuestión.
Que yo sepa no se metió con la iglesia católica (para eso debería haber hecho su “manifestación” delante de la catedral, o cualquier otra iglesia). No, lo hizo contra una capilla determinada.
Lo único que demuestra su “imputación” es que cada vez se va perdiendo más la libertad de expresión. Y puede que se deba a un obsoleto “tratado con la Santa Sede”, que tampoco debería existir en un estado laico. En ese caso, y con cierta socarronería, aconsejaría a la concejal, que recurriera al Papa. Me da la impresión de que esa está entre las cosas que quiere cambiar de la vieja “tradición” de la iglesia. Y conseguiría dejar en ridículo a los legisladores de este país.

viernes, 12 de junio de 2015

Piratería



He oído en la tele algo sobre la piratería de las obras de creación, música, cine o libros. Daba cifras astronómicas: algo así como tres o cuatro miles de millones de descargas, que de haberse pagado habrían supuesto unos ingresos de veinte y tres mil millones de euros (esa cifra la recuerdo). Y ahí está el problema.
         Se piensa que esas son pérdidas, pero no es tan cierto. La mayoría de los que descargan no hubieran comprado el disco o película por falta de dinero. Luego no hubiera habido esa exorbitante cantidad de ingresos, así que no lloren tanto. Han perdido mucho, muchísimo menos.
         Tampoco hay que olvidar que un cierto porcentaje de descargas (probablemente pequeño) se hace de cosas que no es posible obtener en el mercado actual por descatalogadas.
         Estoy de acuerdo con que hay que luchar contra la piratería, especialmente importante cuando el autor tiene un público minoritario y pocas ocasiones de cobrar derechos, pero no debe magnificarse el problema citando grandes cifras de pérdidas: son mucho menores y se apuntan "soluciones" solo justificadas si efectivamente las pérdidas fueran inconmensurables.

miércoles, 3 de junio de 2015

Los pitos al himno.




Se habla mucho de la pitada al himno nacional en un partido de fútbol. Pitar a una música puede producirse porque el intérprete es muy malo, pero pocas razones hay para hacerlo quitando esta.
Un juzgado ha sentenciado que hacerlo es una manifestación de la “libertad de expresión”
Parece que en este caso se ha hecho por razones “nacionalistas”, pero para mí no es que más que una falta de respeto a los demás que no piensan como ellos, es decir una falta de sentido democrático y, por añadidura, de educación.
                El otro bando: el “españolista” (el gobierno) habla de “penalizar” las pitadas. No solucionaran nada. Perderían toda la razón: penar la mala educación es imposible. Lo único razonable es hacer ver que esas actitudes son de mala educación (lo que por otro lado no suele ser extraño entre muchos aficionados al fútbol).
Y no me extraña en los nacionalistas: siempre los he tenido por gente poco inteligente. ¿Quieren una prueba?, no tienen más que ver la frase: "Soberanía nacional, en el marco de la Unión Europea". ¿Qué es lo que supone esto? Que en vez de “depender de Madrid” quieren “depender de Bruselas”, es decir, de soberanía nacional nada de nada. De lo que trata la Unión es que los países vayan perdiendo su soberanía a favor de un organismo superior, y ellos, empecinados en su idea, creen que van a ganar algo. Y hasta puede que tengan razón: ganarán algunos puestos en la recargada burocracia europea, en forma de intérpretes de catalán… El chocolate del loro y más gastos para los todos. Si consiguen su “soberanía” y, por añadidura ingresar en la Unión, los catalanes, dentro de unos años, y si son consecuentes, deberán independizarse de Bruselas, que para ellos será tan “agobiante” como Madrid ahora. Y como no lo querrán hacer, demostrarán la necedad de su querella actual con Madrid.