viernes, 4 de septiembre de 2015

El impuesto de plusvalía.



En nuestro país el impuesto de plusvalía se aplica de modo bastante absurdo. Fue un  impuesto creado para gravar el aumento de valor de los bienes inmuebles cuando se trataba de hacer negocio con ellos.  Es decir, nació para llevar al tesoro público una parte de los beneficios que pudiera obtener un especulador. Con el tiempo, se ha convertido en algo bastante distinto. Es una especie de impuesto de transmisión de bienes, que no era su fin.
El valor de los inmuebles sube con el tiempo. Pero alguien que tiene una casa como domicilio durante treinta o más años, está claro que no la tiene para especular y, sin embargo, cuando la vende se encuentra con que tiene un alto pago por este impuesto, ya que, aunque el precio de compra se actualice según el coste de la vida, muy a menudo sigue teniendo un valor mucho más alto debido a que la subida del valor de los inmuebles es mayor que la subida del coste de la vida.
         Por otro lado, el valor actual lo determina un organismo que debiera ser neutro, pero que no lo es realmente: sobre ese precio se grava el valor del impuesto sobre los bienes inmuebles (IBI), luego la recaudación, fin del organismo en cuestión, mejora si el valor es alto.
         Un verdadero impuesto con ese nombre debería ser regresivo, bajando el porcentaje según pasan los años. En Francia deja de percibirse cuando el inmueble es de la misma propiedad durante más de 20 o 30 años (no recuerdo la cifra exacta), y es una manera de aplicar la regresividad. Está muy claro que alguien que mantiene una propiedad un montón de años, no pretende especular con ella. Y cuando se habla de haberla poseído durante más de treinta años, puede suponerse que el propietario es bastante mayor, y la vivienda es una inversión para tener un capital para los años de la vejez. Desconozco exactamente cómo funciona (no invierto en bolsa) pero creo que hay impuestos más adecuados en las inversiones sobre acciones.