martes, 4 de julio de 2017

Pesetas y euros



En un artículo del El País del domingo, 2 de julio pp, se contaba la historia de unos emigrantes que fueron de Teruel a Canadá, allá por el año 1957. El artículo citaba los sueldos que se ofrecían. 3.600 a 5.500 pesetas y el redactor, un ignorante absoluto, se le ocurría traducir por: entre 25 y 33 euros.
¿A quién se le ocurre comparar las pesetas de entonces con las últimas, antes del euro?.  Esos eran unos sueldazos de categoría.

Tras la lectura (y la indignación consiguiente) me puse a rememorar los precios de mi infancia y juventud, y para que quede constancia, detallo aquí unos cuantos.

En el año 1957, la peseta estaba a 36 pta por dólar, y la devaluación del 57 o 58 (plan de estabilización) la puso a 60 pta/USD.  Pero ¡qué dólar!. Un haiga de aquellos años costaba entre 1000 y 1500 USD los baratos (Ford o Chevrolet) y 7000 u 8000 USD los caros (Cadillac o Lincoln).

Y lo mismo pasaba con la peseta: ¡qué peseta!. Recordaré algunos precios, traduciendo a euros, como hace el redactor de la noticia, para poner de manifiesto su poco cacumen.

El Seat 600, que citan en el artículo, costaba 65.000 pta (390 €) y era carísimo como se puede ver en lo anterior: por el mismo precio, al cambio, te comprabas un Ford de 5 metros de largo en USA. El Seat 1400, 125.000 (750 €), una botella de vino Marqués del Riscal, 25 pta (0,15€); hacia el año 61, yo comía en algunos restaurantes para estudiantes de Argüelles (como Síbaris) por 10 o 12 pta (0,06 o 0,07 €), y te daban unas lentejas, judías o garbanzos, un filete, de mula probablemente, con ensalada y una fruta. Ya en el 69 se dormía en un hotel muy correcto por 100 o 150 pta (0,60 o 0,90 €) y la cena, muy decente, en el mismo hotel por 50 a 75 pta (0,30 a 0,45 €). 

Y para terminar: ya casi no se oye, pero hasta hace poco se decía: “de las antiguas pesetas” y uno se pregunta: ¿en algún momento ha habido “pesetas nuevas” para que haya que distinguirlas?. No, si cada día se habla peor… Pero los precios que he contado sí que eran en "antiguas pesetas".

domingo, 12 de marzo de 2017

Aborto, pena de muerte



Me ha preguntado hoy si estaba a favor del aborto y me he dado cuenta de que la pregunta esta siempre mal hecha, puesto que tiene dos respuestas. Mi respuesta primera es: estoy completamente en contra; me parece un horror, tanto para el feto como para la propia mujer, y la segunda: estoy a favor de una ley reguladora. Todavía recuerdo la época en que las mujeres “pobres” (una mayoría) se jugaban la vida cuando no podían tener un niño (no entro en las razones) mientas que las “pudientes” se iban a Londres, donde se podía abortar libremente. Cierto que la ley no es capaz de limitar el derecho a las que verdaderamente lo necesitan y muchas otras lo hacen porque les da la gana (porque se han dejado embarazar haciendo el idiota), pero eso no quita para que exista la ley. Y me hace también pensar que es una ley ha llegado cuando era menos necesaria, ya que la sociedad es mucho más permisiva con las maternidades en soltería. 

Y eso también me hace pensar en otra cuestión que también se discute a menudo: la pena de muerte. Debo reconocer que siempre he creído que algunos criminales merecen esa pena. Pero estoy en contra de su aplicación porque la pena la imponen unos jueces (o jurados, tanto da, que me da lo mismo) que son humanos y, por lo tanto, falibles. Y ante la disyuntiva de condenar a un solo inocente, creo que no se puede condenar a nadie, por muy culpable que sea y lo merezca.

sábado, 4 de marzo de 2017

Libros



Curioseando hace unos días la biblioteca de un amigo, me di cuenta de lo incómodo que resulta leer las inscripciones en  los cantos. Tradicionalmente, en este país, los cantos se leían inclinando la cabeza hacia la izquierda, y en los países anglosajones se hacía del revés, leyendo con la cabeza inclinada hacia la derecha, pero ahora muchos editores ponen los libros españoles con el sistema anglosajón, por lo que hay que girar la cabeza cada dos o tres volúmenes.

Y eso me recuerda varios sistemas curiosos que he conocido de ordenar los libros. Un cuñado mío ponía los libros separados en tomos al contrario de lo que los demás hacemos: poniendo a la izquierda el último tomo y luego los demás, en orden inverso; su idea es que así la última página de cada tomo quedaba frontera a la primera del tomo siguiente, algo así como si estuvieran encuadernados en un solo volumen. 

En cierta ocasión me contaron que en la biblioteca de la Casa de Alba, los libros se ordenaban por tamaño, medio muy práctico de macizar el espacio para que quepan más volúmenes. Buscar uno determinado se hace con un adecuado catálogo (actualmente informatizado).

Con estas disposiciones poco corrientes, se me ocurre como arreglar el asunto con el que he iniciado estas reflexiones: sencillamente poniendo boca abajo los volúmenes que tengan la inscripción del lomo en el sistema anglosajón, pero pediría a los editores nacionales que vuelvan al sistema tradicional: las bibliotecas pueden (deben) tener libros de muchas épocas y esta es solo una cuestión práctica. No se es más o menos moderno por cambiar de postura el título. Solucionar la mezcla de libros en distintos idiomas es otro problema…

viernes, 24 de febrero de 2017

Los Diputados



Me han pedido mi firma para pedir una reforma del Congreso de los Diputados, lo que me parece muy razonable, pero ocurre que no estoy de acuerdo con varias de las propuestas y no lo voy a firmar.
La petición dice:
1. El diputado será asalariado solamente durante su mandato. Y tendrá jubilación proveniente solamente por el mandato realizado.
2. El diputado contribuirá al Régimen General de la Seguridad Social como el resto de ciudadanos.
El fondo de jubilación del Congreso pasará al régimen vigente de la Seguridad Social.
El diputado participará de los beneficios del régimen de la Seguridad Social exactamente como todos los demás ciudadanos.
El fondo de jubilación no puede ser usado para ninguna otra finalidad.
3. El diputado debe pagar su plan de jubilación, como todos los españoles.
4. El diputado dejará de votar su propio aumento de salario.
5. El diputado dejará su seguro actual de salud y estará sujeto al mismo sistema de salud que los demás ciudadanos españoles.
6. El diputado debe igualmente cumplir las mismas leyes que el resto de los españoles.
7. Servir en el Congreso es un trabajo, no una carrera. Los diputados deben cumplir sus mandatos (no más de 2 legislaturas)  y luego reincorporarse a la vida laboral previa a su etapa de Servicio Público, si la hubiere, si no, al paro.
8. Reducir al menos un 30% el número de componentes políticos de las instituciones. (Concejales de ayuntamiento, diputados nacionales, diputados regionales, etc.)
9. Eliminar instituciones obsoletas o duplicadas: senado, diputaciones provinciales.
10. Reducir un 50% el número de asesores de cargos políticos, así como limitar racionalmente sus retribuciones.

Se habla de limitar los mandatos de diputados a dos. ¿Por qué?. No puedo entenderlo. Si un político es bueno debe poder extender su mandato lo que sea capaz. Ya sé: para algunos un político no debe serlo, debe ser un ciudadano normal que se dedica unos años a la política, pero eso es una idea infantil; es perfectamente concebible que alguien sea político por vocación e intente vivir con ello; con la limitación pueden perderse muy buenos políticos, cosa que no abunda. El posible problema sería que no fuese un buen político, pero en una democracia eso tiene arreglo: hay elecciones, y pueden cambiarse cada cuatro años. 

Y aquí aparece una cuestión que no está entre las peticiones y me parece clave: la forma de elegir a los diputados. No estoy de acuerdo con las listas cerradas; me parecen una barbaridad. Muchos presumen de haber sido elegidos por las urnas y yo puedo asegurar que de las listas que voto, borraría a las dos terceras partes como mínimo (y muchos de ellos, porque ni sé quiénes son), aunque ellos seguirán presumiendo (y aprovechándose) de que yo los voté.

Se pide que no sean ellos los que determinen su sueldo, pero uno se pregunta, entonces ¿quién lo hará, si ellos son el poder legislativo? Como mucho, podrá ponerse un límite a las subidas pero ni siquiera estoy de acuerdo del todo con eso. Creo que un diputado no es un asalariado, sino alguien con gran responsabilidad y, en la vida real, no en el país de los sueños, una gran responsabilidad merece unos emolumentos adecuados. Eso sí, con todas las cortapisas necesarias como para que todo emolumento o actividad privada exterior a su cargo, sea cercenada. Tanto la profesional como los negocios, éstos mediante algún mecanismo que los deje en manos de un administrador externo, y con total transparencia (publicación constante de resultados) durante el tiempo del mandato político. Miremos con ojos menos infantiles la cuestión: un abogado de mérito puede merecer ser diputado y hacerlo muy bien, pero si va a perder una remuneración importante, será remiso a optar al cargo. Y el país puede perder un político de valía.

Otra cosa que se pide, relacionada, es que al terminar su mandato no cobren por “retiro”, y tampoco estoy de acuerdo, en parte. Estoy de acuerdo en que ese pago por “retiro” no sea de por vida, pero una temporada sí. Los que proponen tal cosa deben pensar en personas que tienen un trabajo con sueldo (médicos de la SS, profesores, o cualquier otro tipo de trabajador asalariado). Cualquier profesional liberal dejará abandonados a sus clientes durante su mandato y deberá buscar nuevos cuando termine. Tiene que tener un tiempo, pagado, mientras lo hace. Y eso sería dar igualdad de oportunidades. Porque parece que en este, y otros casos, incluso dicen que si no tienen ese trabajo, que se vayan al paro. Digámoslo con realismo, se trata de limitar prebendas, pero no de hacer putadas. Poco agradece un país a sus representantes los servicios prestados, si los manda al paro. Aunque también es cierto que en bastantes casos no se merezcan otra cosa, pero ¿quién decide éste sí y éste no?

No veo que tiene que ver con la reforma de las Cámaras la reducción de ediles en los Ayuntamientos ni en otras instituciones, así como la de asesores de nombramiento político. Aunque en este caso faltan precisiones: el sueldo de los cargos públicos en los Ayuntamientos y el de los asesores debería estar limitado por una ley general. Y estoy de acuerdo en limitar esos asesores.

Estoy completamente de acuerdo con lo que se propone del Senado. Se les dio un tiempo para que encontrasen su papel en el entramado institucional (llevan cuarenta años), pero no conozco a nadie que me haya contado para qué sirve, como mucho para poner alguna enmienda a las leyes y crear comisiones y comparecencias duplicadas con el Congreso. Yo lo suprimiría lisa y llanamente. No estoy tan seguro de la supresión de las Diputaciones; en autonomías de muchas provincias es un poder más cercano que el de la capitalidad.

Estoy de acuerdo en que los diputados deben tener el mismo régimen de SS que los demás, y que el tiempo de ejercicio del cargo cuente para su jubilación, como cualquier otro trabajo, pero me pregunto si esto no es así ya; o en todo caso si teienen algo como Muface, que no es exactamente lo mismo.

Y no consigo entender por qué se dice que deben acatar las leyes como los demás. Que yo sepa, lo único que tienen distinto es el aforamiento y eso no significa no cumplir las leyes, sino que son juzgados por un tribunal especifico. Que se supriman algunos de los aforamientos no estaría mal, pero el aforamiento fue inventado para algo, y debe seguir existiendo.
 
Esta última cuestión y alguna otra cosa, como lo de los ayuntamientos, me hace pensar que mucha gente no tienen ideas claras de cómo funcionan las instituciones,

jueves, 19 de enero de 2017

El oficio más viejo



A menudo se oye decir que la prostitución es el oficio más viejo del mundo; no sé de dónde ha salido esa especie, pero no es cierto. Si se piensa, es sabido en los humanos más antiguos no tenían una organización social, de modo que no hacía falta ese oficio; siempre habría una hembra dispuesta a recibir a un macho sin obtener nada a cambio (que, supongo, es la condición habitual de la prostitución: cobrar) o viceversa.
Dicho esto, ¿cuál sería ese oficio más antiguo?. A lo mejor el cazador, pero tampoco, pues casi todos lo eran y equivaldría a decir que ser caminante es un oficio. En esos tiempos, el primero que hizo algo diferenciado de los demás, por lo que recibiría algún tipo de remuneración sería el brujo o hechicero (o muy probablemente la bruja o hechicera) y de esa ocupación partieron otras tres, que siguen existiendo: el sacerdote, el médico y el constructor.
Supongo que nadie pondrá en duda  los dos primeros, pero el tercero sonará raro a muchos y requiere una explicación. A nadie le extraña oír llamar al Papa, Sumo Pontífice, nombre heredado de los sacerdotes de la antigua Roma: pontífices, pero pocos se habrán parado a pensar que, en latín, esa palabreja quiere decir “el que hace puentes”, es decir, un constructor. Y que no me vengan con que esos puentes serían espirituales, eran materiales, de madera o de obra.
El filósofo francés, Marcel Mauss, lo explicaba de este modo. Hacer un puente sobre un curso de agua sirve para no mojarse los pies en el río (o evitar males mayores cuando la corriente es caudalosa o fuerte) y eso supone ir contra el orden natural de las cosas, el Ordo rerum, que implica la obligtoriedad de mojarse. Así, para contravenir ese Ordo, hace falta pedir permiso a los dioses, luego ahí entra el sacerdote, convertido así en constructor o, más exactamente, archiconstructor o arquitecton, es decir, director de las obras. Y eso seguirá durante muchos siglos o milenios después; a pesar de que históricamente, los pontífices de la Roma clásica ya no dirigían las obras, todavía en su época, se construía en uno de los extremos de los puentes un templo votivo dedicado a la deidad del río (o la que correspondiera), como puede verse en un extremo del puente de Alcántara, en Cáceres. (De paso, no puedo resistir la tentación de anotar que, en arábigo andalusí, Al-qantara, quiere decir el puente, por lo que éste se llama El puente del puente).
En conclusión, ¿los oficios más viejos del mundo?: el cura, el curandero y el constructor