sábado, 12 de diciembre de 2015

Estoy hasta las narices.



Todos y cada uno de los candidatos a las elecciones del 20 de diciembre hablan de cosas importantes, con mejor o peor tino. Sanidad, pensiones, enseñanza, impuestos. Incluso toman postura (se posicionan, como se dice ahora con un "neologismo" bastante tonto), sobre cosas que no pueden tomarla: ¿un refrendo en Cataluña sin que tomemos parte el resto de los españoles? No es legal, hay que reformar la Constitución y para eso se necesita una mayoría muy grande.
Cosas importantes si, pero nadie habla del futuro, de otras cosas que el partido, desgraciadamente en el gobierno desde hace cuatro años, también ha destrozado: investigación y energías renovables, cosas que independizarían el país de las energías importadas, de las técnicas importadas (compensando con las exportadas).
Se hunde Abengoa. No he leído en ningún sitio sobre lo que tienen que ver en ello las leyes que han restringido las ayudas, legales, según Bruselas, a las energías renovables, pero me temo que tienen gran parte de la culpa, y que demuestran lo poco que le interesa al gobierno que miles de empleados se queden en la calle por su ceguera legislativa. Ya se sabe que el paro ha aumentado sobre el que dejó como herencia Zapatero. Unos cuantos miles más, no es importante. Lo importante es favorecer a las eléctricas.
Nuestros investigadores emigran y en las universidades se quedan los que no pueden salir corriendo a sitios donde se los aprecie, porque, desengañémonos: los mejores han encontrado sitio fuera rápidamente.
Cierto que en la investigación y en la universidad se han quedado gentes valiosas, gracias a que existe eso del funcionario (que no me gusta, pero existe) y a esos no los han tocado. Los que se han ido son los jóvenes, la sangre nueva y necesaria. Y habremos perdido 20 o 30 años en esa renovación... Y quedarán esos funcionarios, que no se atreven a tocar, y añadidos a ellos, gentes importantes, pero prescindibles, como los registradores de la propiedad o los notarios, que ya va siendo hora de que entren, como los demás profesionales en la lucha por la vida: en la libre competencia. Y eso ¿por qué?, no hay más que ver la profesión anterior de nuestro presidente de gobierno. Ni siquiera necesita una puerta giratoria.
Y quizá, el problema más grave es que eso que se llama pueblo no entiende para qué sirve la ciencia (y no tiene por qué), pero un político serio (y me temo que con esto digo que los que hay por ahí, no lo son) tendría que saber que el futuro de un país depende de su innovación científica y técnica y que es importante. Y además debe saber contarlo bien a ese pueblo y convencerle de hay que tener ciencia, porque nuestro futuro depende de ello.
Y ello pasa por unas buenas escuelas y universidades, y la reforma de la enseñanza de esta porquería de gobierno que tenemos demuestra que cree que lo importante es enseñar religión para poder pedir a Yavé o a Alá o a Manitú o a cualquier otra de esas mandangas, que llueva, con danzas rituales, en vez de investigar sobre cultivos que resistan la sequía o técnicas de aprovechar el agua. Prefiere que ganen dinero las eléctricas a prevenir un cambio climático inminente, que nos reducirá a sucursal del desierto del Sahara. ¡¡¡¡Son idiotas!!!! Y lo peor es que ninguno de los otros habla de suprimir la religión y poner asignaturas que enseñen la importancia de la ciencia. De hecho la reforma de este gobierno imbécil que hemos sufrido durante cuatro años ha aumentado también la carga lectiva de las asignaturas para que los alumnos odien más las asignaturas científicas y haya mayor fracaso escolar, creyendo que cuanto más se les obligue a saber, mejor trabajarán, pero el resultado es que sabrán menos porque son incapaces de asimilarlo y habrán perdido su infancia sin tiempo para jugar. No es el camino: odiarán más la ciencia (y seguirán votando a los del PP y rezando para que arreglen los problemas esos improbables dioses).
Perdón: he llamado a los del gobierno idiotas. Me he equivocado. En realidad son sinvergüenzas sin paliativos, buscando la famosa puerta giratoria. E incluso habrá idiotas que los voten sin darse cuenta de que nos llevan al abismo.
A quién vamos a votar. Por ahora yo a ninguno (eso si, votaré en blanco, porque es mi derecho y obligación hacerlo). Haz correr esto y que la gente piense un poco (sobre todo los que peroran en las discusiones electorales públicas y que al cabo acabarán gobernando).

viernes, 4 de septiembre de 2015

El impuesto de plusvalía.



En nuestro país el impuesto de plusvalía se aplica de modo bastante absurdo. Fue un  impuesto creado para gravar el aumento de valor de los bienes inmuebles cuando se trataba de hacer negocio con ellos.  Es decir, nació para llevar al tesoro público una parte de los beneficios que pudiera obtener un especulador. Con el tiempo, se ha convertido en algo bastante distinto. Es una especie de impuesto de transmisión de bienes, que no era su fin.
El valor de los inmuebles sube con el tiempo. Pero alguien que tiene una casa como domicilio durante treinta o más años, está claro que no la tiene para especular y, sin embargo, cuando la vende se encuentra con que tiene un alto pago por este impuesto, ya que, aunque el precio de compra se actualice según el coste de la vida, muy a menudo sigue teniendo un valor mucho más alto debido a que la subida del valor de los inmuebles es mayor que la subida del coste de la vida.
         Por otro lado, el valor actual lo determina un organismo que debiera ser neutro, pero que no lo es realmente: sobre ese precio se grava el valor del impuesto sobre los bienes inmuebles (IBI), luego la recaudación, fin del organismo en cuestión, mejora si el valor es alto.
         Un verdadero impuesto con ese nombre debería ser regresivo, bajando el porcentaje según pasan los años. En Francia deja de percibirse cuando el inmueble es de la misma propiedad durante más de 20 o 30 años (no recuerdo la cifra exacta), y es una manera de aplicar la regresividad. Está muy claro que alguien que mantiene una propiedad un montón de años, no pretende especular con ella. Y cuando se habla de haberla poseído durante más de treinta años, puede suponerse que el propietario es bastante mayor, y la vivienda es una inversión para tener un capital para los años de la vejez. Desconozco exactamente cómo funciona (no invierto en bolsa) pero creo que hay impuestos más adecuados en las inversiones sobre acciones.

viernes, 24 de julio de 2015

La incultura

Cada día es más preocupante el problema de la incultura de la gente. La falta de interés por el detalle hace que muchos cometan fallos importantes hasta en sus convicciones “políticas”.
Y lo más claro es lo que ocurre en recientes manifestaciones de los ultraderechistas franquistas. Son tan incultos que se pasean por ahí con banderas constitucionales, con un escudo fascista. Parece que no se han enterado de que la bandera franquista tenía las tres franjas: encarnada, amarilla y encarnada (rojo y gualda, que se decía entonces) del mismo ancho. En la Constitución de 1978, se cambió esta forma por la que tiene la franja amarilla de doble ancho que las encarnadas. Ignoro como estaba definida antes de la república, pero la republicana también tenía las tres franjas, encarnada, amarilla y morada, del mismo ancho. Y los republicanos no se equivocan nunca en sus manifestaciones actuales: son más cultos.
Y puede verse hasta en Wikipedia, donde la bandera franquista se representa al modo constitucional, eso si, con escudo franquista.
En resumen, son unos incultos impresentables. En este caso particular podría asegurarse que su franquismo no es una postura política real, es sencillamente una manifestación de su incultura, es decir, son unos necios.

martes, 14 de julio de 2015

Los coletazos

Son patéticos los últimos coletazos de un PP que ha creído que seguiría gobernando con mayoría absoluta “sine die” gracias a sus “éxitos” económicos. Ahora quiere aprovechar para cambiar la ley electoral municipal, como impuso la ley mordaza y otras muchas. Leyes que van a durar lo que un caramelo a la puerta de una escuela: unos meses. No siquiera soy tan optimista como para pensar que no gobernarán tras las elecciones, cosa que no me gustaría que ocurriera, tras la desastrosa legislatura que han llevado en estos años:
Han dejado la investigación y las universidades en un hoyo que les costará mucho remontar, ya que los investigadores y los profesores se han ido a otros países, contribuyendo a su riqueza y no a la nuestra.
La medicina tampoco se ha quedado mejor. También se han ido muchos médicos, dificultando la atención primaria, la prevención, y eso redundará en mayor número de enfermedades y, por lo tanto, mayor gasto en tratamientos (medicinas) y operaciones. Pan para hoy y hambre para mañana.
Y como final, un crecimiento del empleo basado en sueldos miserables y contratos eventuales, bajando el nivel de vida general, añadiendo una bajada de impuestos que solo favorece a los de rentas más altas.
Y no voy a hablar de otros problemas, pero el dinero que se han ahorrado en estos menesteres lo han empleado en salvar a unos bancos que ellos mismos habían hundido con su administración.
Y tras estos “desastres”, se ponen a legislar a última hora una serie de leyes cuya vigencia será irrisoria, victorias pírricas. Y lo que está claro es que no tendrán la mayoría absoluta y ese parlamento nuevo deberá apresurarse a a quitar esas estúpidas leyes, aunque el gobierno resultante sea del PP, pero eso sí, es seguro que en minoría mayoritaria.

viernes, 19 de junio de 2015

La libertad de expresión



Desde que se crearon los primeros parlamentos más o menos democráticos, se instauró como protección, para que los diputados pudieran tener libertad de palabra, la inmunidad parlamentaria, el aforamiento; nada de lo que dijeran “sus señorías” podía ser delito. También servía para prevenir que alguien pudiera implicarlos en otro tipo de delitos, dificultando su labor parlamentaria. Cuando la libertad de expresión se extendió a todos los ciudadanos, el aforamiento ha quedado, aparentemente, solo para este último tipo de delitos. Tradicionalmente, el parlamento tenía que dar su permiso al procesamiento con la fórmula: “damos autorización para que su señoría, Fulano, pueda defender su honor”. Esta fórmula se ha perdido (por lo que sé).
Mucho han cambiado las cosas. Y los parlamentarios acusados se escudan en esa “inmunidad” para protegerse de la investigación de delitos verdaderos, hasta el punto que se habla de quitar el aforamiento.
Viene esto a cuento por lo que ha pasado con una concejal del nuevo ayuntamiento de Madrid. Parece que está acusada de un delito contra la iglesia católica, cuando lo que hizo fue manifestarse contra una cuestión muy puntual: que una iglesia (la católica o cualquier otra, supongo) tenga representación (iglesia, mezquita o sinagoga) en un organismo público, como la universidad. Por entonces la actual concejal, no era representante del pueblo (ni diputada, ni siquiera concejal). Lo que hizo fue manifestar su rechazo a una situación absurda en un estado laico, ejerciendo su libertad de expresión. Y no quiero meterme en cómo fueron las formas de su “manifestación”, aunque fueran tan absurdas como la situación en cuestión.
Que yo sepa no se metió con la iglesia católica (para eso debería haber hecho su “manifestación” delante de la catedral, o cualquier otra iglesia). No, lo hizo contra una capilla determinada.
Lo único que demuestra su “imputación” es que cada vez se va perdiendo más la libertad de expresión. Y puede que se deba a un obsoleto “tratado con la Santa Sede”, que tampoco debería existir en un estado laico. En ese caso, y con cierta socarronería, aconsejaría a la concejal, que recurriera al Papa. Me da la impresión de que esa está entre las cosas que quiere cambiar de la vieja “tradición” de la iglesia. Y conseguiría dejar en ridículo a los legisladores de este país.

viernes, 12 de junio de 2015

Piratería



He oído en la tele algo sobre la piratería de las obras de creación, música, cine o libros. Daba cifras astronómicas: algo así como tres o cuatro miles de millones de descargas, que de haberse pagado habrían supuesto unos ingresos de veinte y tres mil millones de euros (esa cifra la recuerdo). Y ahí está el problema.
         Se piensa que esas son pérdidas, pero no es tan cierto. La mayoría de los que descargan no hubieran comprado el disco o película por falta de dinero. Luego no hubiera habido esa exorbitante cantidad de ingresos, así que no lloren tanto. Han perdido mucho, muchísimo menos.
         Tampoco hay que olvidar que un cierto porcentaje de descargas (probablemente pequeño) se hace de cosas que no es posible obtener en el mercado actual por descatalogadas.
         Estoy de acuerdo con que hay que luchar contra la piratería, especialmente importante cuando el autor tiene un público minoritario y pocas ocasiones de cobrar derechos, pero no debe magnificarse el problema citando grandes cifras de pérdidas: son mucho menores y se apuntan "soluciones" solo justificadas si efectivamente las pérdidas fueran inconmensurables.

miércoles, 3 de junio de 2015

Los pitos al himno.




Se habla mucho de la pitada al himno nacional en un partido de fútbol. Pitar a una música puede producirse porque el intérprete es muy malo, pero pocas razones hay para hacerlo quitando esta.
Un juzgado ha sentenciado que hacerlo es una manifestación de la “libertad de expresión”
Parece que en este caso se ha hecho por razones “nacionalistas”, pero para mí no es que más que una falta de respeto a los demás que no piensan como ellos, es decir una falta de sentido democrático y, por añadidura, de educación.
                El otro bando: el “españolista” (el gobierno) habla de “penalizar” las pitadas. No solucionaran nada. Perderían toda la razón: penar la mala educación es imposible. Lo único razonable es hacer ver que esas actitudes son de mala educación (lo que por otro lado no suele ser extraño entre muchos aficionados al fútbol).
Y no me extraña en los nacionalistas: siempre los he tenido por gente poco inteligente. ¿Quieren una prueba?, no tienen más que ver la frase: "Soberanía nacional, en el marco de la Unión Europea". ¿Qué es lo que supone esto? Que en vez de “depender de Madrid” quieren “depender de Bruselas”, es decir, de soberanía nacional nada de nada. De lo que trata la Unión es que los países vayan perdiendo su soberanía a favor de un organismo superior, y ellos, empecinados en su idea, creen que van a ganar algo. Y hasta puede que tengan razón: ganarán algunos puestos en la recargada burocracia europea, en forma de intérpretes de catalán… El chocolate del loro y más gastos para los todos. Si consiguen su “soberanía” y, por añadidura ingresar en la Unión, los catalanes, dentro de unos años, y si son consecuentes, deberán independizarse de Bruselas, que para ellos será tan “agobiante” como Madrid ahora. Y como no lo querrán hacer, demostrarán la necedad de su querella actual con Madrid.