He
pasado unos días en Gijón y allí se hablaba de un terreno que llaman el solarón. En esa parcela estaba la
estación del tren, una estación que estaba casi en el centro de la ciudad, como
debe ser. Ahora está más lejos y, al parecer, pretenden llevarla aún más.
Los vecinos quieren que sea una zona verde, contra la idea de la administración de
la red de vías ferroviarias (Adif) que pretende recalificar los terrenos para
edificar y hacer negocio. Los vecinos se oponen y quieren una zona verde.
Algún
colega arquitecto ha propuesto una solución que podría contentar a todos, la de
Le Corbusier: construir en altura para dejar suelo libre para espacios ajardinados,
pero en este caso el arquitecto suizo estaba muy equivocado, es una solución muy
mala. Cerca de los edificios altos siempre se forman corrientes de aire fuertes
que hacen inhabitables esos espacios libres. De antiguo lo saben los que tienen
una catedral con torre; los sevillanos llaman “matacanónigos” al viento que se
forma en la Giralda. Y se podrían dar más ejemplos. Aplicar esa solución en una
ciudad ventosa, como Gijón, sería un grave error.
Viene todo esto a cuento, porque lo que
verdaderamente es un despropósito es ir alejando la estación del centro. En
todas las naciones de nuestro entorno, las estaciones están en el centro de la ciudad y así
debe ser. Cierto que el que va a un destino lejano puede permitirse un trayecto
un poco más largo para llegar a la estación, pero el que usa los cercanías debería
llegar en un momento. Renfe se empeña, con razón, en aumentar el uso del tren y
es lógico, es su negocio, pero Adif se
lo pone difícil alejando las estaciones de los centros. Un ejemplo claro
es la nueva estación del AVE de Segovia; para llegar a ella se tarda tanto
tiempo como para llegar a Madrid desde ella, lo que es un despropósito
evidente: un viaje que casi puede considerarse de cercanías, puesto que dura menos
de media hora se convierte en uno de una hora.
Por eso
debe defenderse que ese terreno de Gijón vuelva a ser estación, todavía se está a tiempo.
Adif aprovecha para financiar sus obras con la especulación de
solares, pero están tirando piedras a su tejado, dificultando su negocio: el
uso del ferrocarril, lo que significa que esas operaciones son pan para hoy y hambre para mañana.