Son patéticos los últimos coletazos de un PP que ha creído que seguiría
gobernando con mayoría absoluta “sine die” gracias a sus “éxitos”
económicos. Ahora quiere aprovechar para cambiar la ley electoral
municipal, como impuso la ley mordaza y otras muchas. Leyes que van a
durar lo que un caramelo a la puerta de una escuela: unos meses. No
siquiera soy tan optimista como para pensar que no gobernarán tras las
elecciones, cosa que no me gustaría que ocurriera, tras la desastrosa legislatura que han llevado en estos años:
Han dejado la investigación y las universidades en un hoyo que les
costará mucho remontar, ya que los investigadores y los profesores se
han ido a otros países, contribuyendo a su riqueza y no a la nuestra.
La medicina tampoco se ha quedado mejor. También se han ido muchos
médicos, dificultando la atención primaria, la prevención, y eso
redundará en mayor número de enfermedades y, por lo tanto, mayor gasto
en tratamientos (medicinas) y operaciones. Pan para hoy y hambre para
mañana.
Y como final, un crecimiento del empleo basado en sueldos
miserables y contratos eventuales, bajando el nivel de vida general,
añadiendo una bajada de impuestos que solo favorece a los de rentas más
altas.
Y no voy a hablar de otros problemas, pero el dinero que se
han ahorrado en estos menesteres lo han empleado en salvar a unos bancos
que ellos mismos habían hundido con su administración.
Y tras estos
“desastres”, se ponen a legislar a última hora una serie de leyes cuya
vigencia será irrisoria, victorias pírricas. Y lo que está claro es que no tendrán la mayoría absoluta y ese parlamento nuevo deberá apresurarse a a quitar esas estúpidas leyes, aunque el
gobierno resultante sea del PP, pero eso sí, es seguro que en minoría
mayoritaria.
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