Es verdaderamente cargante eso de recibir llamadas telefónicas en las que alguien quiere venderte algo. En cierto momento supe que en algunos países existe una registro, llamado lista Robinson, en que los que se apuntaban, dejaban de recibir mensajes en su teléfono.
Por
entonces (ya hace unos 20 años) escribí al defensor del pueblo pidiendo que se
implantase en España tal cosa. Me contestó algo que no tenía nada que ver y
que era completamente absurdo: según la ley de Protección de datos: “tenía derecho
a hacerme borrar de los listados de donde obtenían sus datos los que llamaban
para anunciarse”. Me pareció que era una tontería: no quería borrarme de las
listas; quería que mis amigos me encontrasen, pero no los publicistas. Y por
otro lado ¿cuántas listas corrían por ahí, con mis datos?; buscarlas todas
podría ser una labor de chinos.
Desde
entonces he sufrido los ataques de los anunciantes. A menudo estos “ataques”
eran cuando estaba en el extranjero, obligándome a pagar el “roaming” por una
llamada que no me interesaba. En los demás casos me libraba de los anunciantes
diciendo sencillamente que su oferta me podía interesar siempre que la enviasen
por carta, porque por teléfono no aceptaba publicidad. Creo que nunca lo
hicieron, mandarla por carta, con todas las condiciones, aunque fuera en letra
pequeña. Pero siguieron machacándome con sus llamadas. Poco importaba que fuese
la hora de mi siesta o estuviese en el otro extremo de mi casa.
Han
pasado años desde entonces, y una llamada esta tarde me ha inspirado quejarme
contra ello. Como no recordaba el nombre de la "lista" lo he buscado
en internet y me he encontrado con la sorpresa de que, desde hace unos años,
tal lista existe en España; y ahí va la dirección de internet: https://www.listarobinson.es/,
donde cualquiera puede apuntarse para que no le llamen los pesados que quieren
que te cambies (de compañía telefónica, eléctrica, de gas o de cualquier otra
tontería). Aun no se si funcionará bien, pero lo espero. Por supuesto la ley la hizo un gobierno socialista, no uno de derechas...
Todo esto viene a cuento de que, desde hace una temporada recibo periódicamente una llamada como la de esta tarde, y
lo peor (o mejor) de esa llamada, es que era un ordenador el que hablaba.
Al menos esta vez se tiene la ventaja de que se le cuelga sin remordimientos de
conciencia: no se es mal educado si no hay necesidad de dar explicaciones.
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