Curioseando hace unos días la biblioteca de un amigo, me di
cuenta de lo incómodo que resulta leer las inscripciones en los cantos. Tradicionalmente, en este país,
los cantos se leían inclinando la cabeza hacia la izquierda, y en los países
anglosajones se hacía del revés, leyendo con la cabeza inclinada hacia la
derecha, pero ahora muchos editores ponen los libros españoles con el sistema
anglosajón, por lo que hay que girar la cabeza cada dos o tres volúmenes.
Y eso me recuerda varios sistemas curiosos que he conocido
de ordenar los libros. Un cuñado mío ponía los libros separados en tomos al
contrario de lo que los demás hacemos: poniendo a la izquierda el último tomo y
luego los demás, en orden inverso; su idea es que así la última página de cada
tomo quedaba frontera a la primera del tomo siguiente, algo así como si
estuvieran encuadernados en un solo volumen.
En cierta ocasión me contaron que en la biblioteca de la Casa
de Alba, los libros se ordenaban por tamaño, medio muy práctico de macizar el
espacio para que quepan más volúmenes. Buscar uno determinado se hace con un
adecuado catálogo (actualmente informatizado).
Con estas disposiciones poco corrientes, se me ocurre como
arreglar el asunto con el que he iniciado estas reflexiones: sencillamente
poniendo boca abajo los volúmenes que tengan la inscripción del lomo en el
sistema anglosajón, pero pediría a los editores nacionales que vuelvan al
sistema tradicional: las bibliotecas pueden (deben) tener libros de muchas
épocas y esta es solo una cuestión práctica. No se es más o menos moderno por
cambiar de postura el título. Solucionar la mezcla de libros en distintos
idiomas es otro problema…
No hay comentarios:
Publicar un comentario