Parece
que ciertas autopistas de peaje tienen problemas para financiarse: en una
situación de crisis económica, la gente prefiere las antiguas autovías,
gratuitas, y ahorrarse un gasto más. Hasta aquí todo normal. Las autopistas,
las radiales, que parecen ser las que más problemas tienen, las hizo construir el
gobierno de un partido caracterizado por no hacer estudios serios para hacer
las inversiones (véase como famoso paradigma el aeropuerto de Castellón); unos
cuantos amiguetes dijeron al gobierno: vendría muy bien una autopista paralela
a la autovía existente, para librarse de los embotellamientos de la masa “municipal
y espesa” a ciertas horas. Pero, ¡ay!, a bastantes de esos amiguetes también
les llegaron vacas flacas con la crisis, y dejaron de utilizarlas.
Cuando
algo carece de ingresos suficientes hace
lo que puede por aumentarlos. Un ejemplo son las compañías aéreas de bajo
coste: con precios bajos se llevan una parte importantísima de los viajeros que
antes tenían que pagar más, o incluso viajan los que no lo hacían por falta de posibles
para hacerlo. Otro ejemplo fue el de Renfe y el AVE. Cuando, por las mismas razones
que las autopistas, empezaron a descender los viajeros, bajaron los precios y
volvieron a ganar dinero.
¿Qué hacen
las autopistas?, pues como primera medida aumentaremos los ingresos si subimos
los precios. Naturalmente pierden tráfico, pues aumenta el número de gentes que
no pueden pagarlo.
Acto
seguido pretenden poner un impuesto pequeño sobre el uso de las autovías. Lo
que en Suiza llaman “vignete” y cuyo coste es relativamente reducido (unos 30 o
35 € al año) para el que vive o pasa con frecuencia por allí. Un poco más caro
para el que recorre una vez el país, pues paga el mismo precio. Pero en Suiza
se puede prescindir de pasar por las autopistas, pues siempre hay una carretera
nacional paralela, cosa que no ocurre en nuestro país, pues las autovías se
hicieron aprovechando el trazado de las antiguas nacionales.
La
última salida de pata de banco ha consistido en proponer “obligar” a los
camiones a tomar la autopista de peaje cuando es paralela a una carretera
nacional.
Y el
problema es que, por contrato, el gobierno debe de hacerse cargo de las
pérdidas de las autopistas, y “salvarlas”. Con razón, el gobierno se muestra
remiso a esta solución, con la que está cayendo, y elecciones a la vista. ¿Recortes
en sanidad y ciencia, e inversiones en estupideces como el aeropuerto de
Castellón o las autopistas? = pérdida de votos.
La
verdadera solución es bajar los precios. Es como un embalse: si se baja la cota
de coronación, saldrá mucha mas agua.
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